
El boyardo cayó de rodillas, exausto tras la batalla, no había sido un asalto normal, habían centenares de bárbaros enloquecidos, una horda enloquecida de pieles y musculos que atacaban sin cesar gritando los nombres de los malditos dioses del norte, por cada uno que caía, otro ocupaba su posición y sus hombres estaban exaustos.
Deseó en nombre de Tor que los mensajeros que habia mandado a la capital para avisar a la reina del hielo, no tuviesen ningún problema.
Sus hombres estaban cansados, sangraban por docenas de heridas, pero seguían aguantando, el sacerdote guerrero, que había estado a su lado en toda la jornada tenía una fea brecha en el estómago, la sangre manaba por sus piernas, pero el espiritu guerrero de ese hombre era digno de admiración, seguía combatiendo arengando a los Kossares para que esos salvajes no lograsen entrar en la casa.
Un escalofrío recorrió su espalda ¿Era este su fin? Se maldijo a si mismo, no mostraria debilidad ante los bárbaros, se deshizo de su maltratada armadura y con la determinación en sus ojos, gritando a sus hombres, se lanzó contra los salvajes, le daría unos minutos más a sus emisarios para que diesen la voz de alarma.
(more…)